Domingo, 04 Febrero 2018 13:46

Núria Ramoneda - España

Núria Ramoneda - España

Soy Núria Ramoneda, tengo 22 años y vengo de Barcelona, España. Soy graduada en ingeniería industrial y ahora estoy realizando la maestría también en ingeniería industrial.

Llegué a la Fundación gracias a una mujer que colabora con la misma y me contó un poco sus objetivos. Cuando me lo explicó yo tenía una idea imaginaria de cómo sería según las experiencias previas que había tenido, pero al llegar la idea se hizo realidad y entendí que cada fundación tiene su rasgo característico. Aquí vi que nadie se rinde, por difícil que pueda ser la situación. En Zuá se enseñan una serie de valores y se consigue que todas las personas que pasan por ella sean buenas personas, agradecidas con los demás y respetuosas con el entorno.

Tuve la suerte de tener un mes entero de vacaciones en mi universidad y no dudé en contactar con el director de la Fundación para presentarme y ver si podría ayudar con mis conocimientos de matemáticas, inglés o de danza. Su respuesta fue que sí, sin duda alguna, por lo que ya empecé a buscarme alojamiento en Bogotá.

Llegué a un nuevo barrio, nuevas personas, ante todo, respeto. De primeras ya me sentí muy bien, por supuesto era una extraña que llegaba de otro país sin conocer nada, solamente lo que me habían explicado. Me sentía un poco observada por los niños porque tampoco me conocían. Pero al poco rato de llegar me preguntaron quién era, de dónde venía, qué idioma hablaba y otras curiosidades. Durante el mes que pasé en la Fundación, sentí que mi familia estaba aquí.

Me sentí, en parte, identificada con los tutores porque ellos son jóvenes universitarios con las ganas de ayudar a que los niños puedan llegar a ser lo que realmente quieran. Son como el modelo a seguir por los niños y creo que es algo muy bonito el poder enseñar lo que uno sabe para que otros lo puedan seguir haciendo el día de mañana.

La Fundación es un regalo para los que pueden estar en ella, tanto niños como jóvenes y adultos. Todos tienen su función y el conjunto de ellos hace que sea un lugar hermoso. Los niños tienen la motivación suficiente para aprender y aunque cada niño es un mundo, en Zuá se adapta la enseñanza que se les da según sus necesidades, reforzando aquellos puntos más débiles de cada uno. Los tutores son los encargados de hacerlo. Ellos saben tratar a los niños como se merecen. Son exalumnos de la Fundación, que con las ganas y el esfuerzo necesario consiguieron entrar a la universidad con la suficiente preparación para realizar con éxito su carrera.

Desde la distancia parece sencillo lo que se hace en la Fundación, pero una vez en ella aprendí que las cosas no son fáciles para poder dar o reforzar la formación de los niños.

Me hubiera gustado poder seguir en Bogotá algunos meses más porque un solo mes es muy poco. Fue suficiente para sentirme parte de la Fundación pero me faltó tiempo para aprender más de cada uno de los niños y tutores.