Manuel José Ramos Arenas
Este boletín nace desde el silencio que deja una ausencia inmensa y desde la gratitud profunda por una vida entregada al servicio. Hoy, la Fundación Zuá abre este espacio para honrar la memoria de Manuel José Ramos Arenas, compañero, maestro y pilar fundamental de nuestra historia, cuya partida a comienzos de enero nos ha llenado de dolor, pero también de sentido.

En las palabras de nuestro director y de quienes caminaron a su lado —familia, equipo y beneficiarios— recogemos recuerdos, enseñanzas y testimonios que dan cuenta de su legado imborrable. Este no es un boletín más: es un acto de amor, de memoria y de esperanza, para agradecer lo vivido, abrazarnos en el duelo y reafirmar que su luz seguirá guiando nuestra misión.
Manuel José, cómo duele tu partida, como sentimos tu ausencia, que vacío dejas en nuestros equipos, en nuestros salones, en nuestros corazones. Es profunda la tristeza que nos embarga, sólo Dios nos dará las fuerzas para seguir el camino sin tu compañía.
Manuel José dedicaste 11 años de tu vida a la Fundación, y desde tu vinculación plena, en el 2014, diste un impulso transformador a la misma, no solo desde el Programa de Educación Superior, sino desde la reorganización financiera y contable, en el que, gracias a tu conocimiento, experiencia y sabiduría, te convertiste en la guía y líder y en todos los programas de la Fundación, pues todas las decisiones claves pasaban por tu análisis y consejo, siempre prudente y acertado.

Tu decisión y compromiso fue incondicional, pues pusiste al servicio de la Fundación, no solo tu experiencia, formación profesional y recursos, sino que vinculaste a la Fundación a Pio XII, a tu familia y a tus amigos, todo lo cual generó un mejoramiento y crecimiento en todos los programas.
Te convertiste en la mano de Dios para tus estudiantes, a quienes consideraste no solo como tus alumnos, sino como tus hijos, pues acogiste a cada uno de ellos, desde sus limitaciones y carencias para impulsarlos, para descubrir en cada uno de ellos su potencial y no solo recibirles sus angustias y dolores, sino ser ese padre exigente y a la vez profundamente comprensivo. Desde luego ellos, como todos nosotros sentimos profundamente tu ausencia, no obstante, el dolor por tu partida no es solo por los que tuvieron el privilegio de tenerte como maestro y guía, el dolor es más intenso, por todos aquellos, que pudieron recibir tu ayuda, pero no lo lograron por tu temprana partida.
Se piensa que nadie es indispensable, pero estamos seguros de que eres un ser humano irremplazable. No obstante, creemos profundamente, que gracias a que viviste para los demás, para servir en forma incondicional, Dios te comparte el don que, solo El da a quienes cumplen a cabalidad su voluntad, como tú lo hiciste durante tu vida, de existir por siempre en cada uno de nosotros. Esa vinculo que fuiste construyendo con Dios en tu comunicación cercana y permanente con El, es lo que te permite hablarle hoy al oído, lo cual nos da la confianza de saber que seguimos contando contigo, que no nos olvidas, y que hoy en equipo con quien todo lo puede, nos acompañarás, protegerás y bendecirás en todo momento.
Ten la seguridad Manuel José que quienes tuvieron la fortuna de ser tus discípulos, servirán a otros, serán para ellos la bondad de Dios y seguirán transformando vidas, al igual que hiciste con ellos y así tu legado crecerá haciendo de Colombia, ese país que soñaste, en el que todos puedan tener las oportunidades que tu tan diligentemente diste a quienes te rodearon.
Moises Pedraza
Director Fundación Zuá

Diego Ramos Toro
Hoy me paro en este atrio y, a pesar de que mi papá ya descansó en paz, veo en cada uno de ustedes cómo mi papá y su legado sigue vivo en nosotros.
Veo a los colaboradores de la fundación Zuá, y veo su vocación de servir a los demás, así como su compromiso con los valores de igualdad y libertad, que en este caso buscaba promover como docente y como apoyo crucial para que todos los jóvenes que participaban del programa pudieran contar con las herramientas educativas necesarias para su desarrollo humano.
Es imposible evitar la tristeza y el dolor en estos momentos. Pero en todo momento hay que tener muy presente que la mejor forma de que él siga viviendo entre nosotros es potenciando las anteriores virtudes con total alegría y gratitud.

Diana Rocio Torres
Coordinadora sede Patio Bonito Fundación Zuá
La promesa del amor de Dios suele hacerse visible a través de las personas que cruzan nuestro camino: seres que inspiran, que orientan, que transforman vidas. En todo ello reconocimos el valor inmenso de un ser humano extraordinario. Sabemos que el amor es lo único que realmente importa, pero a veces lo dejamos pasar y olvidamos que la vida es frágil y finita.
Hoy deseo hablar no solo por mí, sino por todos aquellos jóvenes, niños y niñas que conociste: esos que llevaban los sueños enredados en las pestañas y que hoy, ya adultos, agradecen profundamente haberte encontrado. Cuántos sueños que parecían imposibles, cuántos miedos, cuántas dudas, cuántos días en los que pensamos renunciar… Gracias a ti, Manuel José, por ser maestro, por ser guía, por ayudarnos a creer en aquello que éramos capaces de construir, incluso cuando nosotros mismos lo dudábamos.
También queremos reconocer que, al ayudarnos a cumplir nuestros sueños, tú cumpliste el tuyo: el sueño de enseñar, de ser maestro, de dejar huella. Tu vocación se revelaba en cada palabra, en cada gesto, en cada instante compartido. Viviste tu sueño y, al hacerlo, nos inspiraste a perseguir los nuestros.
Hoy agradecemos a tu familia, porque gracias a ellos conocimos a ese hombre maravilloso que nos enseñó que el amor, las buenas relaciones, los amigos y la alegría por los logros ajenos son caminos seguros hacia la grandeza del espíritu. Gracias a esa familia que te compartió con nosotros, permitiéndonos conocer a un ser extraordinario que permanecerá para siempre en nuestros corazones; gracias por sus consejos, sus palabras de aliento y su exigencia amorosa para que no fuéramos solo profesionales, sino los mejores en aquello que eligiéramos ser.
Gracias a ese ser humano que nos brindó su amor y nos acogió como familia sin necesidad de lazos de sangre. Gracias por todo lo que construimos juntos, por lo que aprendimos en comunidad contigo. Gracias por tu bondad infinita y tu cálida humanidad, porque contigo comprendimos que la verdadera humildad no depende de lo que se tiene, sino de lo que se es, en cualquier lugar del mundo y con cualquier persona.
Hoy queda la admiración y un profundo agradecimiento por haber visto en tu mirada y en tus palabras el amor de Dios, ese amor que no muere, que trasciende. Cuando se nace a la eternidad, se sigue siendo ejemplo: en cada palabra, en cada gesto, en cada abrazo, seguirás vivo en la memoria y en los corazones de quienes tuvimos la fortuna de conocerte.
Gracias por recordarnos que, aunque el tiempo avance y la vida cambie, el legado de un buen maestro permanece para siempre en quienes tuvimos el privilegio de aprender de ti. Gracias por ser luz, guía y ejemplo. Tu huella es imborrable y tu recuerdo, eterno.
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Naidú Guzmán
Coordinadora sede Senderos Fundación Zuá
Manuel José: Un Corazón que Servía con Alegría Hablar de Manuel José es recordar la encarnación del amor generoso. Su paso por la Fundación Senderos no fue el de un benefactor distante, sino el de un amigo presente que encontraba su mayor gozo en la felicidad de los demás.
El Placer de Compartir. Manuel José transformaba lo cotidiano en algo extraordinario. En la sede de Senderos, esperábamos con ilusión esas cajas de comestibles que enviaba para fechas especiales o, simplemente, para motivar una pijamada improvisada. Tenía una curiosidad casi infantil por lo nuevo: le encantaba vernos probar alimentos novedosos, compartir una pizza o disfrutar de un buen perro caliente. Para él, ver nuestra satisfacción era el mejor banquete.
El Hincha de su Gente. Su pasión por el fútbol era la excusa perfecta para unirnos. Recordamos con una sonrisa las “pollas” futboleras: siempre las ganábamos los de Senderos, incluso si nuestros marcadores estaban lejos de la realidad y él era quien acertaba. Manuel José se aseguraba de que todos tuviéramos la camiseta de la Selección bien puesta; quería que hiciéramos gala, que hiciéramos ruido y que nos sintiéramos parte de la fiesta del país.
Ventanas al Mundo: Cultura y Adrenalina. Su energía era inagotable cuando se trataba de abrirnos horizontes. Nos invitaba a Bogotá con el entusiasmo de quien descubre el mundo por primera vez: Cultura: Recorridos por la Feria del Libro, museos, exposiciones de pintura y bibliotecas. Diversión: Sus carcajadas capaces de “tostarlo” de la risa cuando le contábamos nuestras reacciones de pánico y adrenalina en la montaña rusa de los parques de diversiones. Manuel José soñaba en grande para nosotros. Quería que viviéramos lo que él amó de joven: desde un concierto de rock hasta los parques que marcaron su juventud. Para él, esas experiencias no eran lujos, eran derechos de nuestra humanidad.
Un Legado de Amor hasta el Final Incluso el 24 de mayo de 2024, con la noticia de su tumor cerebral, su pensamiento no se centró en su propio dolor, sino en nosotros. En medio de la angustia de ese diagnóstico, su prioridad fue asegurar nuestro viaje a Santa Marta. Gracias a su gestión y al amor de su sobrina Emita y su pareja Mao, vivimos días inolvidables: El almuerzo frente al mar. Aprender a nadar y la magia del careteo entre especies marinas. Visita a la biblioteca Universidad del Magdalena. Los helados italianos y el camping en la playa.
Manuel José fue profundamente humano. Estuvo pendiente de cada detalle hasta el último momento, enseñándonos que el servicio verdadero no se detiene ante la adversidad. Su recuerdo se queda con nosotros en cada risa, en cada gol y en cada ola del mar que nos enseñó a disfrutar.
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